lunes, 9 de noviembre de 2020

REFLEXIÓN: A PESAR DE TODO


Los ojos tristes ya no me son ajenos, me he acostumbrado al ruido de ambulancias y al silencio de los parques.

He dejado de quejarme porque tal vez quien escuche mi queja sufra mayor desgracia, y sin embargo cada día gritaría tan fuerte que no oiría las ambulancias y lloraría durante horas en la quietud del parque.

Me he vuelto muy vulnerable ante las malas noticias, y sin darme cuenta impasible ante las cifras, que ya no me dicen nada.

Si pudiera correr en el tiempo no sabría si hacerlo hacia el conocido pasado o hacia el incierto futuro, pero lo que tengo seguro es que correría rápido, muy rápido.

Pienso en esas personas sumidas en una depresión y las veces que las he observado ajenas a este mundo, oyendo pero no escuchando porque las voces les son lejanas, mirando con indiferencia hacia las cosas mundanas, y me siento más cercana a ellas.

A pesar de todo cada día queda sitio para una sonrisa, un paseo, una buena comida, un libro, una conversación con un amigo, un juego, una canción, una larga ducha, un tranquilo rincón, un te quiero, una cerveza, un rato con la familia, una película... cada día queda sitio para muchas cosas fantásticas.

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